La Delfina
El legado que dio origen a nuestra historia
En el alma de Mendoza, donde los vientos acarician las viñas y el sol madura los sueños entre hileras de uvas, nació la historia de María Luisa, “La Delfina”.
Una mujer apasionada por el vino, fuerte y auténtica, que vivió con libertad y sin ataduras. Su carácter decidido y su sensibilidad por la tierra la convirtieron en una figura inspiradora para toda la familia, especialmente para Santos Rubino, quien aprendió de ella el valor de vivir del vino y de sentir el pulso de los viñedos con el corazón.
En una época en la que el vino mendocino florecía gracias al esfuerzo de cientos de familias productoras, La Delfina se distinguió por su vínculo especial con la naturaleza. Se decía que su voz tenía el poder de atraer al viento para sanar las plantas enfermas y fortalecer las bayas bajo el sol de enero.
Durante la primavera, sus melodías despertaban los sarmientos y sus palabras de amor hacían ruborizar a las uvas, dando vida a un vino lleno de alma y energía.
Mujer de la tierra, domadora de los vientos, la que tiene la gracia: La Delfina. Su historia transmite coraje, pasión y visión; valores que hoy siguen presentes en cada vendimia y en cada botella que lleva el nombre de Familia Rubino.
Primero fue una mujer, después llegaron las generaciones que brotaron de sus raíces. Hoy, su espíritu sigue vivo en nosotros: en cada paso, en cada vino y en cada sueño que continúa creciendo entre los viñedos de Mendoza.
Santos
El legado del esfuerzo que se transforma en futuro
Santos trabajaba como peón en la viña, bajo el sol intenso de Mendoza.
Una tarde, el capataz, ebrio, descargó su violencia contra los trabajadores. Pero Santos no bajó la mirada: se alzó con dignidad frente al abuso. Aquella decisión marcaría el inicio de una nueva vida.
Al regresar a casa, su esposa Eda notó su agotamiento y comprendió que ese camino ya no podía seguir así. Lo invitó a dejar la finca y a trabajar a su lado, en la panadería familiar.
Entre hornos encendidos y madrugones, Santos aprendió a transformar el esfuerzo en sustento, el sacrificio en orgullo. Los panes volaban de las manos de Eda y Santos, y el negocio prosperó hasta lo impensado.
Con el tiempo, Santos volvió a mirar aquella finca que había marcado su historia. Y con el fruto de su trabajo, la compró.
En el mismo lugar donde alguna vez conoció la adversidad, eligió construir futuro.
Desde entonces, esa historia se convirtió en el emblema de nuestra familia: la fuerza de transformar los desafíos en propósito, el trabajo en legado, la tierra en vino.
Santos no solo levantó una bodega; levantó una forma de vivir, un camino donde cada generación encuentra en el esfuerzo la raíz de su orgullo.
Quintín
El legado que mira hacia el futuro
De la tierra que alguna vez trabajaron Santos y Eda, y que luego continuó su hijo Santos Rubino, nace una historia que sigue viva en Santo Rubino, actual director general.
Hoy, con la cuarta generación representada por Diego, Agustín y Juan Pablo, surge una nueva rama en el árbol familiar: Quintín, símbolo de la quinta generación de la Familia Rubino.
Esa quinta generación está encarnada por Luca y Joaquín, hijos de Diego y Agustín, quienes traen consigo la energía de un futuro que ya comienza a germinar.
En su nombre habita la herencia de quienes sembraron con esfuerzo, y también la promesa de quienes miran hacia adelante con pasión y curiosidad.
Quintín representa el punto de encuentro entre la tradición y la innovación, entre lo que fuimos y lo que elegimos ser.
Su esencia nace del impulso de los nietos de Santos, criados entre aromas de vino y relatos de vendimias, que hoy asumen el compromiso de continuar ese legado con una mirada moderna, abierta al cambio y fiel a sus raíces.
Cada paso de esta nueva generación honra el pasado y proyecta el futuro de la bodega: nuevas ideas, nuevas técnicas, nuevas formas de conectar con quienes disfrutan del vino.








