El origen de nuestra historia

En el alma de Bodega Familia Rubino, la conexión con la tierra es un diálogo constante. Una conversación silenciosa entre la vid, el suelo y el tiempo que se traduce en vinos capaces de expresar la singularidad de cada terroir mendocino.

Nuestros viñedos, profundamente arraigados en Mendoza, son el escenario donde se escribe la historia de cinco generaciones dedicadas al vino. Un legado que se renueva en cada amanecer y en cada vendimia, manteniendo viva la esencia de una bodega familiar argentina.

Creemos que el vino no comienza en la bodega.
Comienza mucho antes: en la tierra, en la observación paciente del viñedo y en el respeto por los ritmos naturales de la vid.

Nuestros viñedos se desarrollan en Mendoza, al pie de la Cordillera de los Andes, una de las regiones vitivinícolas más reconocidas del mundo. El clima seco, la alta radiación solar y la marcada amplitud térmica entre el día y la noche favorecen una maduración lenta y equilibrada de las uvas.

El agua, proveniente del deshielo andino, es un recurso esencial y cuidadosamente administrado. Su pureza y control permiten sostener el viñedo bajo condiciones naturales exigentes, logrando uvas sanas y concentradas.

Cada finca fue seleccionada tras un estudio minucioso del suelo, la altitud y el clima. Nada es casual: cada decisión busca que la vid exprese su máximo potencial.

Tres regiones vitivinícolas, múltiples personalidades

Rivadavia

Donde comenzó todo

La Finca Rivadavia, ubicada a 667 msnm, se caracteriza por sus suelos franco arenosos con muy buena retención de agua, una condición clave para el equilibrio vegetativo de la vid en una zona de clima seco.

Aquí cultivamos Malbec, Cabernet Sauvignon, Sangiovese, Ancellota y Torrontés, bajo sistema de conducción en espaldero, con una densidad de 7.000 plantas por hectárea, favoreciendo la competencia entre plantas y una mayor concentración en la uva. El resultado son vinos de gran carácter, intensidad y expresión varietal.

Maipú

Tradición, fortaleza y equilibrio

En esta región histórica de Mendoza se encuentran Finca Coquimbito y Finca Paraíso, dos expresiones complementarias del terroir de Maipú.

Finca Coquimbito, a 800 msnm, presenta suelos franco arenosos que ofrecen excelente drenaje y, al mismo tiempo, una adecuada retención de humedad y nutrientes. Aquí se cultivan Malbec y Cabernet Sauvignon, conducidos en espaldero con una densidad de 5.000 plantas por hectárea, logrando vinos estructurados y equilibrados.

Finca Paraíso, ubicada a 750 msnm, se asienta sobre suelos franco arenosos profundos, que permiten un gran desarrollo radicular. En esta finca cultivamos Cabernet Sauvignon, Malbec, Viognier y Semillón, también en sistema de espaldero y con 5.000 plantas por hectárea, dando origen a vinos de elegancia, amplitud y perfil expresivo.

Valle de Uco

Altura que redefine el terroir

La Finca Peral, en el corazón del Valle de Uco, se encuentra a 1.204 msnm. Sus suelos franco arenosos con presencia de gravas, cantos rodados y cobertura calcárea aportan frescura, tensión natural y complejidad a los vinos.

Aquí cultivamos Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Pinot Gris, bajo sistema de conducción en espaldero y con una densidad de 5.000 plantas por hectárea. La combinación de altura, suelo y clima da como resultado vinos precisos, elegantes y de gran potencial de guarda.

Suelos que hablan, terroirs que cuentan historias

La diversidad de suelos es uno de los pilares de nuestros viñedos en Mendoza. Desde perfiles profundos que favorecen raíces vigorosas hasta terrenos con gravas y calcáreo que aportan mineralidad y tensión, cada suelo imprime una identidad única a la uva.

Esta variedad de terroirs mendocinos no es un detalle técnico: es nuestro sello distintivo y la base de una amplia paleta de estilos que se expresan en cada copa.

El viñedo como acto consciente

El manejo del viñedo es metódico, pero vivo. Trabajamos parcela por parcela, observando cada etapa del ciclo natural de la vid, desde la brotación hasta la vendimia. Aplicamos una filosofía de mínima intervención y máxima atención, priorizando el equilibrio de la planta y el cuidado del entorno.

El control de rendimientos, el uso responsable del agua y la preservación del suelo nos permiten enfocar la energía de la vid en frutos de alta calidad. No manejamos hectáreas: cultivamos historias.